
Declaración de intenciones
15/01/2022Muchas veces comienzo mis espectáculos de narración oral para personas adultas preguntando quienes están asistiendo por primera vez a un evento de este tipo.
Por lo general el 75% levanta la mano. El otro 25% está formado por público fiel de la narración oral junto a mis familiares y amigos que, claro, vienen a todo. 😉
Entonces suelo dirigirme a ese 75% que van a presenciar su primer show de cuentos para adultos advirtiendo:
“Cuando esto acabe, os haya gustado o no, no se os ocurra pensar que ya sabéis lo que es un espectáculo de narración oral de cuentos para personas adultas, pues en absoluto esto que habéis visto es representativo de nada”.
La advertencia, aunque en tono de broma, no puede ser más en serio.
Una de las peculiaridades de este arte de la narración oral es la falta de cánones. Por ser un arte intrínsecamente popular, posiblemente.
Puede parecer una contradicción que siendo un arte estrechamente vinculado con la tradición y el folklore no tenga un estándar. Un formato canónico pero lo cierto es que nadie podría decir: “así se cuentan cuentos y así NO se cuentan cuentos”.
Las razones de esta peculiaridad son demasiadas, tantas que seguramente me deje algunas en esta relación:
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- La persona que cuenta. Parece obvio, pero el arte de la narración es el arte de la propia voz, alejada de artificios y convencionalismos. La presencia del narrador y la narradora en el foco, tomando el protagonismo, se basa en su propia presencia personal, con su propia voz y por tanto sus particulares formas, expresiones, gestos, tonos y recursos. Evidentemente las personas profesionalizadas tienen la experiencia y la formación adecuadas para potenciar esas cualidades, por lo general.
- Lugar de origen. Esto está ligado a la persona que cuenta, aunque también al origen de las historias narradas. Por lo tanto es una ecuación en la que si, por ejemplo, es una narradora Gaditana contando historias populares, pongamos de Pericón de Cádiz, pues lo lógico es que haya un gran peso en el estilo local de transmisión oral, tanto en las formas como en los contenidos. Esa misma narradora, contando un cuento tradicional Irlandés verá, inevitablemente, afectado su discurso de alguna manera.
Por lo tanto, es un lujo escuchar diversidad de voces, de diferentes orígenes para observar y disfrutar las diferencias en la concepción del cuento y su puesta en escena en diferentes lugares del mundo. Y todas son, a pesar de las grandes diferencias, igualmente válidas.
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- Lugar y tiempo. Otra de las grandes bazas del cuento, como espectáculo, arte escénica, etc. es la maleabilidad que presenta. Una misma sesión de cuentos, puede mutar para adaptarse a un gran teatro con escenario e iluminación, o a una sala de un pequeño, aunque coqueto salón de una casa rural para un público reducido. Hay personas que prefieren este o aquel tipo de encuentro, pero por lo general, todas podríamos, o deberíamos poder contar cuentos en cualquier auditorio. Junto a esta variable, está la del tiempo. Y por tiempo una vez más todo cuenta: Mañana, tarde o noche trasnochada. También si estamos en navidades, por ejemplo, o si recientemente ha habido una noticia devastadora que tiene a toda la ciudad o el país consternado. El narrador, la narradora, como persona viva no puede llegar y echar sus cuentos al margen de estos acontecimientos si es que le atraviesan. Y esto es maravilloso. El cuento puede no ser un acto de evasión, sino un ritual de enfrentamiento colectivo de la realidad.
- Pasado, presente o futuro. Como decía al principio la artista, el artista, es la principal diferencia, al ser un arte muy personal y por lo general “juanpalomista” ( la misma persona selecciona o escribe las historias, las adapta, las dirige y las pone en escena). Por lo tanto, según estemos frente a una narradora folklorista, actual o innovadora (estas denominaciones son de mi cuño, por lo que no las encontrarás en ningún otro lado), presenciaremos unos tipos de estructuras y propuestas muy diferentes. Por ejemplo, desde el folklorismo no será raro escuchar canciones o trabalenguas tradicionales que cierren un cuento o den paso al siguiente, siendo estos además de tradición por lo general, mientras que un narrador actual, podría basarse en haber compuesto una dramaturgia o un lei motiv que da hilo a los diferentes cuentos que componen el espectáculo. Así mismo, la narradora con inclinación por la innovación y la contemporaneidad buscará meter un poco las narices en otras formas, inventadas o no, de usar y jugar la palabra hablada. (spoken word, poesía, textos dramáticos, videos, etc)
- Soledad o compañía. No es extraño encontrar ñaques, es decir, asociaciones de narrador/a y músic/o formando un dúo de reminiscencias medievales, aunque con infinidad de posibilidades contemporáneas. Casos como el de “Vivo del cuento”, agrupación de Jerez de la Frontera, llevaban este formato a la combinación de 4 personas tocando instrumentos para un sólo narrador, Albertito de Jeréz.
También existe la opción de montar y compartir los cuentos a dos o tres voces, como hacían Fabulando en Sevilla, o Gamba y Giny en Madrid o Pedro Quirós y José Antonio Sánchez (Poti) hace unos años y en la actualidad el Colectivo Légolas de Madrid, por ejemplo, hoy en día.
Todas estas opciones no hacen sino aumentar esa diversidad que , a estas alturas, ya ha debido quedar claro me parece muy interesante y enriquecedora para el desarrollo del arte en sí tanto como para el público.
- Textual vs improvisación. Algunas de las divergencias anteriormente citadas pueden no tener un reflejo claro para el resultado final a los ojos de nuestra experiencia como espectadores. Pero esta que toca ahora sí que supone dos bandos, dos estilos, dos experiencias contrastadas.
Hay quien trabaja y refina el cuento en casa tratándolo como un texto dramático que será dicho, incluso recitado, exactamente igual en cada ocasión. Esto es inapelable para romances, cuentos en verso y otro tipo de estructuras que dependen de una métrica y rítmica muy cerradas. Y este tipo de relato no suponen esta diferencia. Me refiero aquí a cuando el narrador o la narradora escribe su propia versión en prosa de un cuento, tiene el relato literario literalmente escrito y fruto de la memorización y el trabajo con cada palabra, contará el cuento al pié de la letra. Esto tiene sus pros, evidentemente, como la belleza del lenguaje, la concreción en los juegos y sorpresas. Las descripciones y la belleza del lenguaje con el diccionario en la mano. Sin embargo, desde mi opinión, esta estructura también “mata” de alguna manera el momento.
El otro extremo está en la forma de trabajo en la que el narrador o la narradora conoce a la perfección el esqueleto del cuento. Cada hito, cada giro está perfectamente definido y trabajado. Hay también palabras o frases claves que estarán sí o sí en cada lugar que se cuente el cuento, pero el resto, más de la mitad del desarrollo, no está ni ha estado nunca escrito. La persona que cuenta se deja llevar por sus propias palabras en cada ocasión avanzando la narración hasta el siguiente punto.
Ni que decir tiene que un mismo espectáculo, una misma profesional de la narración podrá mezclar estos acercamientos al cuento, sin embargo, esto no es fácil de encontrar.
Como decía, seguro que me dejo muchos más factores de diversidad entorno a la narración oral como espectáculo escénico, pero esto no ha hecho más que empezar.
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