
Declaración de intenciones
15/01/2022
¿Qué me pasa cuando cuento?
16/01/2022“Una vida no examinada no es digna de ser vivida”,
Sócrates.
¿Quién fue el primer idiota que dijo “las historias se narran, pero la vida se vive”?
La vida que no tiene la capacidad de ser narrada no pasa de ser un mero hecho biológico. Si somos lo que somos es precisamente porque los seres humanos tenemos la capacidad de trascender nuestra propia existencia como animales y para ello hacemos uso de nuestra imaginación y nuestra capacidad de narrar.
Con la revolución cognitiva, hace 70.000 años, el homo sapiens comenzó a ficcionar entidades que explicasen el origen de las cosas porque si algo nos caracteriza es que somos incapaces de soportar el silencio como respuesta a nuestras preguntas. Preferimos inventarnos las respuestas que vivir con el estómago de nuestro conocimiento vacío. Gracias a los mitos pudimos comenzar a conocer ingenuamente cual era nuestro origen y el de las cosas que nos rodeaban. Empezamos a mirar a nuestro alrededor y a descubrir que había un mundo maravilloso por conocer lleno de misterios a los que había que dar respuestas.
Otra revolución importante para el conocimiento aconteció cuando supuestamente pasamos del mythos al logos. Momento en el que surge la filosofía y comienza el pensamiento racional de la ciencia, superando de esta forma el conocimiento mítico. Aún así, ha pervivido escondido entre los pliegues de la realidad y continúa entre nosotros en forma de entidades ficticias como la religión, la nación, el dinero y las empresas o personas jurídicas.
La ficción es un mecanismo esencial de nuestro pensamiento, como bien saben la neurociencia los neurocientíficos. Tan íntimamente ligado a nosotros que incluso la memoria es en gran medida un ejercicio de ficción. La memoria es el caldo del que nacen las historias. Nos da la capacidad de construir, no sólo los cuentos con los que acunaban nuestra infancia, sino escribir un gúgol de libros o sembrar las plataformas de streaming de series y películas imposibles de visionar en una vida. No es por mero entretenimiento. Es porque nos sirven de espejo en el que vernos. Ver nuestros sueños, pesadillas, miedos, deseos, amores… Y esto es posible porque, apropiándonos del titulo de Pirandello, nosotros mismos somos un personaje en busca de autor. Es fundamental que seamos consciente de esto para que tomemos las riendas y dejemos de ser un títere movido por la providencia para convertirnos en narradores y constructores de una vida digna de ser vivida, de ser contada.
Actualmente, miles de gadget nos idiotizan con sus pantallas relucientes y somos espectadores de los mundos de otros, mientras dejamos el nuestro a su merced. Millones de personas al año sufren de depresión, soledad o incluso terminan suicidándose porque sienten que viven en la nada sartriana. Emborrachamos los sentidos con las mil y una drogas tecnológicas y/o lisérgicas con las que el mundo actual nos abastece.
Debemos, urgentemente, tomar conciencia de nuestro papel como narradores. Perfilar los personajes que nos rodean, cuáles son sus motivaciones, cómo interactúan con nuestro protagonista, hacer repaso de los sucesos vividos y entender cómo se concatenan dando sentido, no sólo, al presente, sino imprimiendo una inercia a futuro que llamamos dirección pero que podemos decidir a voluntad marcando objetivos.
La narrativa, según Emily Esfahani Smith, es uno de los cuatro pilares del sentido de la vida. La narrativa explica como hemos llegado hasta aquí, como nos hemos convertido en las personas que somos, y hacía donde nos dirigimos. Nos permite ensamblar los hechos de nuestra vida para dotarlo de una narrativa coherente, porque nuestro cerebro necesita de esa coherencia hasta el punto de que lo inventa si es necesario. La vida es una actividad y una pasión en busca de relato como dice Paul Ricoeur. Por tanto, autoricémonos como creadores, y aceptemos la responsabilidad de tomar las decisiones que su dirección exige y, aún siendo fiel a los hechos, permitamos nos la libertad de escoger el género: comedia, drama, aventuras… Construyamos una vida como si fuese un cuento porque una vida sin trama es una vida sin sentido.



